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Un grupo de investigadores del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Conicet, desarrolló una tecnología innovadora que permite entrenar a las abejas melíferas para que polinicen cultivos específicos. Este avance científico, liderado por el biólogo Walter Farina, se basa en la capacidad de estos insectos para desarrollar memoria olfativa. Al introducir fragancias sintéticas dentro de la colmena que imitan el aroma de cultivos de interés, los científicos lograron direccionar el trabajo de las abejas, optimizando así la polinización de precisión, según detalló un informe reciente del portal Bichos de Campo.

El mecanismo de comunicación y aprendizaje olfativo en la colmena

Para llegar a esta innovación tecnológica, el equipo de investigación indagó durante dos décadas en cómo se transfiere la información entre las abejas de la miel. Los científicos descubrieron que estos insectos pueden aprender y memorizar un olor floral no solo al visitar directamente una flor, sino también al recibir una gota de néctar de parte de una recolectora que regresa a la colmena. Esta interacción social, que ocurre a través de contactos boca a boca, permite que miles de individuos adquieran información sobre cuán dulce es el alimento y cuál es su aroma particular. De este modo, las abejas generan una memoria olfativa muy estable y de larga duración sin haber salido al exterior. A partir de este hallazgo de ciencia básica, los investigadores se plantearon la posibilidad de intervenir este proceso introduciendo olores sintetizados en el laboratorio que replicaran el perfil aromático de las flores de cultivos específicos.

Desarrollo de fragancias sintéticas para la polinización de precisión

El procedimiento para crear estos direccionadores comenzó con el estudio de las fragancias naturales, como la inflorescencia del girasol, para identificar los picos de sus compuestos principales. Con esta información, elaboraron formulados sintéticos de pocos componentes y evaluaron si las abejas podían reconocerlos al ofrecerles la fragancia junto con un jarabe azucarado. Tal como ocurría con los perros de Pavlov, los insectos extendían su probóscide al percibir el preparado, confirmando así su eficacia. El éxito de estas pruebas experimentales derivó en el patentamiento de diversas fragancias para cultivos como kiwi, arándano, girasol, pera, manzana y almendro. Próximamente se sumarán palta, frutilla, café y cerezo. Según precisó el artículo original publicado por Bichos de Campo, la UBA y el Conicet ya han cedido esta tecnología a la empresa Beeflow Corporation, que en la actualidad la aplica no solo en Argentina, sino también en Estados Unidos, México, Chile, Perú y Brasil.

Implicancias para la sustentabilidad de los ecosistemas agrícolas

En el marco del modelo productivo actual, donde un tercio de la producción agrícola mundial depende de los polinizadores, esta biotecnología tiene un gran potencial para la agroecología. El uso histórico de las abejas para obtener miel o servicios de polinización suele exponerlas a paisajes altamente antropizados, fragmentados y con alta carga de pesticidas. El investigador Farina destacó que la polinización de precisión permite que las abejas aceleren su trabajo en el cultivo objetivo. Si esto se acompaña de un manejo adecuado de las colmenas, los insectos podrían retirarse mucho antes de estos entornos alterados, resultando en una práctica sustancialmente más saludable para la especie. Además, la persistencia del efecto varía según la floración: mientras que en el kiwi la memoria olfativa de diez días es suficiente, en cultivos más prolongados como el arándano se requiere estimulación adicional. Actualmente, las fronteras de esta tecnología argentina continúan expandiéndose. Los equipos científicos ya se encuentran trabajando en el aprendizaje y memoria olfativa de abejorros, insectos sociales clave para la agricultura que resultan fundamentales comercialmente. Mediante convenios con empresas del sector, el modelo busca seguir perfeccionando herramientas de bajo impacto que incrementen los rindes agrícolas al mismo tiempo que promuevan un manejo más cuidadoso y eficiente de los polinizadores a nivel global.

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Foto: bichosdecampo.com

Fuente: bichosdecampo.com