La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó un reciente relevamiento que destaca el papel central de las mujeres rurales en la conservación ambiental a través de la apicultura y la meliponicultura en América Latina. El estudio subraya que frente al avance del cambio climático, el uso masivo de agroquímicos y la proliferación de enfermedades, las comunidades locales, con fuerte liderazgo femenino, se convirtieron en la primera línea de defensa para proteger a los insectos polinizadores, de los cuales depende casi el 75 por ciento de los cultivos alimentarios del planeta.
La interdependencia entre las comunidades y los ecosistemas
El informe subraya que la cría de abejas trasciende la mera práctica productiva para consolidarse como un verdadero motor de cambio social y ambiental. Según el organismo internacional, el aprendizaje de la interdependencia entre las personas, las abejas y los ecosistemas resulta vital para regenerar los territorios. El valor de la cooperación comunitaria por sobre el esfuerzo individual es el pilar que sostiene este sistema, beneficiando tanto a la biodiversidad como a las economías locales en distintos países de la región, tales como Argentina, México, Bolivia y Ecuador, donde la apicultura funciona como un eje rector de la organización social.
Proyectos locales con protagonismo femenino y abejas nativas
La FAO detalló ejemplos concretos donde las mujeres asumieron roles de coordinación. En la provincia de Neuquén, Argentina, el proyecto Kume Ziwlliñ Mapu capacitó y proveyó colmenas a un grupo de productoras. Esta iniciativa se articuló a través del Proyecto Pagos por Resultados de REDD+, implementado por la FAO y financiado por el Fondo Verde para el Clima. Simultáneamente, el organismo impulsa la meliponicultura, que consiste en el trabajo con abejas nativas sin aguijón propias de los bosques tropicales y subtropicales latinoamericanos.
En el bioemprendimiento Abejita Longeva al sur de Ecuador, más de 80 familias trabajan en el Parque Nacional Podocarpus. En Chiapas, México, otra comunidad resguarda 3,5 millones de hectáreas trabajando junto a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. «Sembramos flores para que las abejas no tengan que ir lejos y se mantengan cerca», relató Alondra Martínez, trabajadora de la Reserva de la Biosfera La Frailescana. Estas acciones se complementan con la prevención de quemas intencionales y la reforestación de especies nativas.
Para la agroecología argentina, estos relevamientos resultan fundamentales porque visibilizan una lucha histórica: la defensa de los polinizadores frente al modelo agroindustrial hegemónico. La preservación de las abejas —de las cuales existen cerca de 25.000 especies adaptadas a diversos climas, incluso zonas frías como la Antártida— choca permanentemente con las derivas de agrotóxicos que diezman las colmenas en el territorio nacional. Vincular el trabajo apícola con el liderazgo de las mujeres campesinas refuerza la premisa agroecológica de que no hay soberanía alimentaria sin sujetos sociales arraigados, cuidando los bienes comunes y fomentando sistemas productivos resilientes.
La información completa sobre el estudio de la organización internacional fue publicada originalmente por el portal EcoPortal. Para conocer más sobre la articulación entre la cría de abejas y el liderazgo comunitario, se puede leer el artículo completo en su sitio web. Asimismo, la ONU recuerda que cada 20 de mayo se conmemora el Día Mundial de las Abejas, una jornada clave para promover campañas de concientización y fortalecer las redes de productores y cuidadores de polinizadores en todo el mundo.

Fuente: ecoportal.net
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