En el Valle Inferior del Río Chubut, las heladas y el clima patagónico marcan el pulso de la tierra. Sin embargo, en la localidad de Dolavon, un grupo de familias logró transformar terrenos municipales degradados en un próspero polo de alimentos sanos. Conocido como Dolavon Produce o el Nodo Productivo, este proyecto agroecológico se ha convertido en un ejemplo de resiliencia comunitaria y soberanía alimentaria.
La iniciativa tomó forma en 2023 a partir de un programa nacional. Tras el desfinanciamiento por parte del actual Gobierno, la responsabilidad de sostener el espacio quedó en manos de la Municipalidad de Dolavon y la Federación de Asociación Mutualistas de Chubut (Famuch). Hoy, 32 familias cultivan hortalizas, frutas y plantas aromáticas, empleando sistemas de riego por goteo y producción bajo cubierta en invernáculos para sortear el corto período libre de heladas.
Tierra de mujeres y lazos comunitarios
Una de las características más notables del proyecto es que el 95 por ciento de sus integrantes son mujeres jefas de familia, como Rosa Ranguileo y Mariela Jones. El ingeniero agrónomo Luis Ñancucheo, pilar de la experiencia, destaca que más allá de la recuperación del suelo mediante abono orgánico y rotación de cultivos, el mayor éxito del Nodo radica en el tejido social. La iniciativa funciona como un lugar de contención, intercambio de saberes y trabajo solidario.
Un modelo frente al extractivismo
En una provincia históricamente marcada por la extracción de hidrocarburos y atravesada por los debates sobre la megaminería, el Nodo Productivo plantea una alternativa de fondo: la posibilidad de un modelo de desarrollo sustentable centrado en el cuidado del territorio, el valor agregado local y el consumo de cercanía. Aunque las productoras aún combinan esta labor con otros oficios para completar sus ingresos, la meta compartida es lograr vivir íntegramente de la tierra.
Fuente: Agencia Tierra Viva.
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