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En el norte de la provincia de Misiones, el municipio de Puerto Libertad enfrenta las graves consecuencias de la extranjerización y concentración de sus tierras. Actualmente, el 80 por ciento de su superficie productiva pertenece a la empresa transnacional de origen chileno Arauco. Este monopolio del suelo ha transformado a la localidad en lo que sus propios habitantes describen como un «corral de pinos», limitando fuertemente el desarrollo urbano y perjudicando la economía local.

La historia forestal de Misiones comenzó a principios del siglo pasado con la extracción de madera y yerba nativa. Sin embargo, a partir de la década de 1960, el Estado fomentó la reforestación intensiva con pinos resinosos mediante incentivos económicos. En la década de 1990, tras procesos de endeudamiento y privatización impulsados por el modelo neoliberal, bancos extranjeros y transnacionales adquirieron a precios irrisorios las tierras y empresas nacionales. Fue en este contexto que Arauco se expandió, reemplazando extensiones de selva paranaense por bosques implantados.

Lejos de generar desarrollo territorial, el acaparamiento de tierras trajo consigo despidos masivos y el desplazamiento de las pequeñas chacras, ya que el monocultivo dificulta otras producciones. La introducción de paquetes tecnológicos y maquinaria pesada redujo drásticamente la demanda de mano de obra local. Tareas de campo que históricamente empleaban a unos 80 trabajadores pasaron a requerir apenas un par de operarios. Un ejemplo claro de esta desarticulación económica fue el cierre del aserradero San Jorge en el paraje Puerto Bosetti en 2010, un evento que dejó sin sustento a cerca de 400 familias.

La concentración territorial es tan asfixiante que el pueblo de Puerto Libertad no tiene espacio físico para crecer. Para poder encarar obras públicas básicas, como la construcción de una terminal de ómnibus, un parque industrial o el trazado de nuevos barrios, el municipio se ve obligado a intentar comprarle o solicitarle parcelas a la corporación forestal.

Este panorama demuestra que el actual modelo extractivista de commodities transfiere la mayor parte de la riqueza generada hacia el exterior, mientras las comunidades locales asumen los pasivos sociales y ambientales, quedando acorraladas en su propio territorio. Fuente: Agencia de Noticias Tierra Viva.