En la localidad riojana de Aimogasta, epicentro de la producción olivícola tradicional en Argentina, los pequeños productores atraviesan una crisis sin precedentes. Julio Juárez, ingeniero agrónomo y dueño de una finca de tres hectáreas de la variedad Arauco, denunció públicamente que las plantaciones se están muriendo debido al ataque de una bacteria, situación que se agrava por el desplome de los precios de venta y el aumento desproporcionado de los costos de cosecha. El testimonio, originalmente publicado por el portal Bichos de Campo, expone el estado de vulnerabilidad de las economías regionales frente a problemas sanitarios y desajustes del mercado.
El avance letal de la Xylella fastidiosa sobre la variedad Arauco
La variedad Arauco, considerada la única verdaderamente argentina y apreciada internacionalmente por su gran tamaño para el consumo como aceituna de mesa, se encuentra bajo una grave amenaza fitosanitaria. Según relata Juárez, en su propia finca ya se ha secado el 40% de las plantas. El responsable de esta mortandad es el ataque de la bacteria Xylella fastidiosa. Este patógeno se transmite a través de insectos vectores, comúnmente conocidos como chicharritas, que pican el olivo e infectan su sistema vascular. El productor riojano advierte que, hasta el momento, los agricultores locales no cuentan con protocolos sanitarios claros ni herramientas eficaces para combatir a estos vectores, ya que no se los conoce con la certeza científica necesaria para frenar la propagación de la enfermedad. La pérdida del emblemático olivo cuatricentenario de Aimogasta es el símbolo más doloroso de este declive que afecta a decenas de vecinos de la zona.
Caída de precios y costos de cosecha que asfixian la rentabilidad
Al problema sanitario se le suma un escenario económico que ahoga a los pequeños productores. Durante la presente temporada, el precio de la aceituna Arauco sufrió una caída abrupta que no se registraba hace más de una década. Al inicio de la cosecha, el valor pasó de 0,70 a 0,60 dólares por kilo, pero finalizó el ciclo desplomándose hasta los 0,34 dólares. En paralelo, la incidencia del costo de la cosecha manual sobre el precio final de la aceituna rompió récords históricos. Mientras que históricamente este gasto no superaba el 25% del valor de la fruta, este año trepó hasta el 35%. Esta misma dinámica se repitió en la aceituna destinada a la producción de aceite. Aunque los precios de venta se mantuvieron similares a los del año pasado, con una inflación interanual importante, los costos de recolección manual absorbieron hasta el 31% de los ingresos. Frente a la falta total de cosecha mecanizada en Aimogasta, la rentabilidad del productor quedó reducida a márgenes críticos, obligando a quienes contaban con algo de capital a elaborar sus propias aceitunas para retrasar la venta esperando mejores condiciones comerciales.
La amenaza de los mercados internacionales y los acuerdos comerciales
La falta de competitividad tecnológica de los productores riojanos frente a la agroindustria europea representa una amenaza latente que genera alarma en la región. Juárez ejemplifica esta desigualdad comparando los costos locales con los de países vecinos. En los supermercados de Copiapó, Chile, un litro de aceite de oliva extra virgen español en botella de vidrio se comercializa a 10.000 pesos chilenos, mientras que al productor riojano le cuesta 8.100 pesos argentinos tan solo elaborar su aceite y envasarlo en un bidón plástico de cinco litros (sin siquiera llegar al mercado final). A este panorama de desventaja se suma la preocupación por el impacto del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Históricamente, el principal destino de exportación para la aceituna argentina ha sido Brasil, que representa el 4% del consumo mundial. La posibilidad de que Europa ingrese a competir en este mercado clave con aceitunas subsidiadas podría ser el golpe de gracia para el sector olivícola tradicional de La Rioja.
El impacto en las economías regionales y la necesidad de una transición
Este crudo panorama resulta de vital importancia para la agroecología argentina y la soberanía alimentaria, ya que evidencia la fragilidad de los sistemas agrícolas tradicionales dependientes de insumos externos y fuertemente expuestos a la volatilidad de los mercados globales. La crisis en Aimogasta se conecta directamente con la necesidad urgente de fortalecer las economías regionales mediante políticas públicas que protejan a los pequeños productores frente a la competencia desleal de productos europeos subsidiados. Además, la aparición y agresividad de patógenos mortales para los cultivos ponen sobre la mesa el debate profundo sobre la resiliencia de los monocultivos y la urgencia de promover la biodiversidad en las fincas, implementando un manejo ecológico de plagas y construyendo agroecosistemas más fuertes frente a las enfermedades.
Frente a la inminente llegada de aceites y aceitunas subsidiadas que amenazan la producción local, la principal expectativa de los olivicultores riojanos se centra en la defensa y el fomento del consumo interno nacional. Para conocer más detalles técnicos sobre esta denuncia y apoyar la difusión de esta grave problemática que afecta a la histórica variedad Arauco, invitamos a la comunidad a leer el testimonio completo de Julio Juárez en la nota original publicada por Bichos de Campo. Mantener en agenda la realidad de nuestras economías regionales es el primer paso indispensable para exigir medidas concretas que resguarden el trabajo y el arraigo de las familias productoras en toda la Argentina.

Fuente: bichosdecampo.com
Comentarios recientes