Damián Colucci llegó hace 24 años al paraje El Gallo, en Tandil, con la firme convicción de fundar un espacio en armonía con la naturaleza. Ese lugar hoy se llama Monte Callado, un modelo vivo de agricultura natural que esquiva los mandatos del rendimiento económico convencional para priorizar la introspección y la sanidad de la tierra.
A los 19 años, movilizado por las lecturas de Masanobu Fukuoka, el padre de la agricultura natural, Colucci viajó a Japón con apenas un puñado de palabras en japonés pero una certeza inquebrantable. Tras convivir con la familia de Fukuoka en el sur del país asiático, se trasladó a Grecia para trabajar codo a codo con Panos Manikis, uno de los principales divulgadores de este movimiento en Europa. De regreso en la Argentina, aplicó este valioso bagaje en las sierras bonaerenses.
Monte Callado pasó por diversas etapas: desde la siembra manual de trigo cosechado con hoz hasta una producción de harina integral agroecológica a mayor escala con molinos de piedra que abasteció a la región. Sin embargo, en busca de recuperar su tiempo y su libertad, Colucci decidió achicar la superficie de trabajo para volver al espíritu original del proyecto, experimentando con quesos, fermentos y la docencia.
Este camino demuestra que la producción de alimentos sanos puede ser viable económicamente sin perder el eje de la sustentabilidad y el respeto por los ritmos de la Tierra. Según relata la crónica original de la Agencia Tierra Viva, el proyecto hoy es pura vida rodeada de plantas y animales, mimetizado con el entorno.
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